Murió Raúl Barboza, el embajador eterno del chamamé
POR: CLARA MONTENEGRO
El chamamé, esa música que late con la raíz del Litoral, hoy quedó de luto. Raúl Barboza, acordeonista, compositor y uno de los máximos embajadores de nuestra cultura, falleció a los 87 años en París, la ciudad donde residía desde 1987 pero que nunca logró alejarlo de su tierra en espíritu.
Hijo de un linaje musical y apodado “Raulito el Mago” desde que a los seis años comenzó a enamorar al público con su fuelle, Barboza llevó durante más de siete décadas el chamamé a escenarios de todo el mundo. Supo tender puentes entre continentes con su acordeón, sin perder nunca la esencia de lo que él mismo definía como “la música de la gente y de la naturaleza”.
Con un estilo inconfundible, marcado por la improvisación y la hondura expresiva, colaboró con artistas como Astor Piazzolla, Mercedes Sosa y Atahualpa Yupanqui. No obstante, más allá de los escenarios internacionales y los premios que lo consagraron como figura indiscutida de la cultura argentina, Raúl Barboza siempre eligió presentarse como lo que era: un músico del pueblo.
Su vida fue también un espejo de la diáspora cultural argentina: mientras en Europa lo ovacionaban en teatros prestigiosos, aquí muchas veces no se le dio el reconocimiento que merecía en vida. Aun así, él siguió tocando, convencido de que el chamamé no tiene fronteras, sino raíces.
Hoy, el acordeón llora en silencio. Pero al mismo tiempo, celebra. Porque en cada zapateo, en cada sapucay y en cada acorde que despierte la nostalgia del Litoral, seguirá vivo Raúl Barboza. Su partida no es un final, sino la confirmación de que el chamamé es patrimonio eterno, y que su “mago” ya forma parte de la memoria infinita de la música popular.