Curuzú: La postal de una ciudad activa pero estancada
Eventos multitudinarios, hoteles completos en fechas puntuales y calles con movimiento vuelven a instalar la sensación de una ciudad en marcha. Sin embargo, detrás de esa imagen, persiste una pregunta incómoda: cuánto de ese flujo se transforma realmente en desarrollo económico para Curuzú Cuatiá.
Curuzú Cuatiá vuelve a mostrar una postal conocida: calles con movimiento, hoteles completos en fechas puntuales, eventos que convocan público y una ciudad que, por momentos, parece “activarse”. Sin embargo, detrás de esa imagen de dinamismo, surge una pregunta que cada vez se escucha más fuerte: ¿ese movimiento realmente se traduce en crecimiento económico sostenido para la ciudad?
Durante los últimos fines de semana largos, las fiestas de fin de año y fechas religiosas clave, la ocupación hotelera alcanzó picos muy altos, incluso con alojamiento en casas particulares por falta de plazas disponibles. No es un fenómeno nuevo: ocurre desde hace más de una década y se repite cada vez que la agenda cultural, religiosa o deportiva concentra visitantes.
Sin embargo, fuera de esos momentos excepcionales, la realidad es distinta. Incluso en eventos fuertes del calendario local —como el Festival del Locro, el más importante del invierno— la ocupación hotelera no suele superar el 70%, dejando en evidencia una actividad turística irregular y altamente dependiente de fechas específicas.

Eventos que convocan, consumo que dura poco
Curuzú cuenta con una agenda variada: festivales populares, celebraciones religiosas, ferias productivas, carnavales y competencias deportivas que posicionan a la ciudad como un punto de encuentro regional. En cada uno de estos eventos se observa circulación de gente, consumo gastronómico y trabajo eventual.
Pero ese movimiento tiene una característica común: es breve y concentrado. El gasto se realiza en pocas horas o pocos días, en rubros específicos, y luego se diluye sin generar un efecto duradero en el resto del entramado comercial.
Cuando la ciudad se llena, no todos ganan
Mientras algunos sectores logran aprovechar los picos de actividad, muchos comercios barriales y rubros que no están directamente vinculados al evento quedan al margen. Incluso, en fechas de gran convocatoria, se registra una caída en las ventas habituales: el consumo se redirige, pero no se multiplica.
A esto se suma el impacto en los precios. Durante eventos masivos, el costo de comer afuera, alojarse o moverse dentro de la ciudad aumenta, afectando también al vecino local, que paga más sin que sus ingresos se modifiquen.

Una postal que se repite
Curuzú se llena, se mueve y luego vuelve a su ritmo habitual. La actividad aparece y desaparece, sin consolidarse como motor de desarrollo. No se trata de negar el movimiento, sino de observar qué tipo de movimiento es, quiénes lo aprovechan y cuánto deja realmente en la ciudad.
La pregunta queda abierta.
Porque una ciudad activa no siempre es una ciudad que crece.
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