El cuatrerismo que manchó el uniforme
POR: NATALIA QUIROZ
El caso estalló en Sauce y rápidamente sacudió a toda la región. La denuncia inicial parecía un episodio más de abigeato, un delito que golpea con fuerza a los productores rurales: dos vaquillas habían desaparecido y todo indicaba que habían sido faenadas. Lo inesperado fue descubrir quién estaba detrás.
Tras las primeras investigaciones, el fiscal rural ordenó allanamientos que dejaron en evidencia la trama. En un galpón aparecieron bolsas con sangre vacuna y carne ya procesada; en un campo, los restos de los animales mutilados junto a sus cueros; y en un vehículo particular, rastros que comprometían aún más a los sospechosos.
Entre los detenidos sorprendió un nombre que cayó como un baldazo de agua fría: el sargento G.F. Fernández, alias “Taguá”, un policía en actividad. La noticia generó indignación y desconcierto. Un hombre encargado de velar por la ley ahora estaba acusado de traicionarla, participando activamente en la faena ilegal de ganado.
La investigación no terminó allí. También fueron arrestados un carnicero de la zona y otros dos hombres que habrían integrado la cadena delictiva: desde la matanza de los animales hasta la preparación de la carne para su venta clandestina. El grupo parecía estar organizado y con roles definidos, lo que abrió la hipótesis de que no se trataba de un hecho aislado.
El uniformado fue trasladado y quedó alojado en la comisaría de la Mujer y el Menor de Curuzú Cuatiá, a la espera de su declaración indagatoria. Mientras tanto, se ordenaron más allanamientos en sus propiedades, donde cría animales vacunos. Los investigadores intentan establecer si entre esos ejemplares se esconde más ganado robado.
El caso, además de exponer un delito que afecta a la economía local, golpeó el corazón de la confianza social: un policía en funciones involucrado en un crimen que debería perseguir. En los pueblos, donde la palabra y el uniforme todavía tienen un peso simbólico fuerte, la noticia dejó un sabor amargo.
Hoy la causa sigue abierta. La justicia rural busca determinar el verdadero alcance de la red, mientras la comunidad espera respuestas claras y castigos ejemplares. Porque el robo de ganado duele, pero duele aún más cuando detrás aparece quien juró proteger a su gente.