Bajó la pobreza en Argentina: ¿qué hay detrás de los números y por qué el INDEC merece credibilidad más allá de la política?

POR: JOSÉ LUIS FERNÁNDEZ
En el primer semestre de 2025, Argentina registró una caída de la pobreza al 31,6 %, de acuerdo con el INDEC, un dato que marca el nivel más bajo desde 2018. Simultáneamente, la indigencia bajó al 6,9 %. Estas cifras, celebradas por el gobierno de Javier Milei, no solo reivindican su estrategia económica, sino que también exponen el dilema recurrente en el país: ¿serán creíbles estos números cuando muchos desconfían del organismo estadístico oficial?

Este artículo analiza cómo se produjo esta baja histórica, qué factores intervinieron, por qué el INDEC sigue siendo clave en el debate público y qué significado tiene para un país que quiere medirse con rigor, sin importar quién gobierne.

El panorama de la pobreza antes y después de Milei

Cuando Milei asumió en diciembre de 2023, la pobreza urbana rondaba el 41,7 %, cifra heredada del gobierno anterior. En el primer semestre de 2024, a causa de la devaluación y el shock económico inicial, ese porcentaje se disparó a 52,9 %. Pero luego vino una reversión: en el segundo semestre de 2024 cayó a 38,1 % y ahora, para 2025, alcanza 31,6 %. Esta dinámica representa una baja de más de 20 puntos porcentuales desde el pico intermedio.

De acuerdo con el INDEC, la caída se explica por alzas de ingresos familiares (promedio +26,3 %) frente a incrementos más moderados de las canastas básicas (12,3 % en la canasta total, 13,2 % en la alimentaria).

Ese contraste entre ingresos y precios da cuenta del elemento técnico central: que los sueldos corrieron “por encima” de la inflación visible en la estructura estadística del INDEC.

Factores que explican la baja

1. Desaceleración de la inflación

En una situación donde la inflación logra moderarse, los aumentos de ingreso real tienen más margen para “ganarle” a los precios. Esto crea un efecto de alivio para los hogares con ingresos más ajustados.

2. Estructura estadística y ajuste base

La caída medible también se ve favorecida por el punto de arranque: la alta inflación y devaluación de los primeros meses castigaron tan fuerte que el efecto rebote era esperable una vez estabilizados los precios relativos.

3. Compensaciones sociales focalizadas

El gobierno amplió los montos de la Asignación Universal por Hijo (AUH) y reforzó programas de asistencia alimentaria, lo que contribuyó a mitigar el empobrecimiento extremo.

4. Efectos del ajuste macroeconómico

El control del déficit, la eliminación de subsidios y otras medidas de austeridad redujeron algunas presiones inflacionarias y permitieron liberar recursos para asignaciones sociales y otras políticas compensatorias.

¿Por qué algunos dudan del INDEC?

La historia de manipulación estadística en el Indec (especialmente durante el periodo 2007-2015) dejó una marca profunda en la confianza pública. En esos años, distorsiones del IPC y falta de transparencia erosionaron el valor de los datos oficiales.

Hoy, el nivel de desconfianza sigue alto: según una encuesta de la consultora Zentrix, el 67,4 % de los argentinos creen que las cifras de inflación del INDEC no reflejan correctamente el costo real de vida. Solo un 29,9 % confía en ellas.

Esa percepción se ve reflejada en los reclamos diarios: precios que los ciudadanos viven en mercados y supermercados, rubros que suben más rápido que el promedio oficial, diferencias entre zonas geográficas y realidades locales no captadas siempre por la muestra nacional.

Pero la independencia estadística —el ideal que sostiene que el organismo no varíe su metodología según el gobierno de turno— sigue siendo la mejor defensa contra el escepticismo.

 Razones por las que el INDEC debe ser creíble, sin importar quién gobierne

  1. Marcos legales y técnicos: el INDEC funciona bajo leyes que lo regulan como organismo estadístico nacional con normas metodológicas estandarizadas.

  2. Transparencia de los métodos: publica sus bases, métodos, errores muestrales y componentes técnicos. Los usuarios pueden auditar (investigadores, universidades).

  3. Consistencia en el tiempo: cambiar metodologías sin aviso o manipulaciones sería muy visible ante el contraste de series estadísticas históricas.

  4. Credibilidad técnica: para políticas públicas, presupuesto, negociaciones internacionales y mecanismos de financiación externa, los datos oficiales deben ser aceptados incluso por actores opositores.

Si los gobiernos manipulan estadísticas, la credibilidad del Estado como tal se debilita. Por eso, una señal de compromiso sería que cualquier administración —sea del signo que sea— fortalezca la autonomía operativa del INDEC.

Que bajo el gobierno de Javier Milei la pobreza e indigencia hayan mostrado una reducción no es poco: implicó una reversión de tendencias graves.

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